Santa María Goretti celebra a San Francisco de Asís
Mérida, Yucatán a 04 octubre.— La fe tuvo cuatro patas, alas y hasta caparazón. La parroquia de Santa María Goretti abrió sus puertas para una celebración diferente, en la que decenas de familias llegaron acompañadas de sus animales de compañía para recibir la bendición con motivo de la festividad de San Francisco de Asís, patrono de los animales y símbolo del amor y respeto por la creación.

El templo se llenó de ladridos, maullidos y rostros sonrientes. Perros y gatos fueron los invitados especiales de una jornada en la que también estuvieron presentes gallinas, loros y tortugas, mientras algunas familias llevaron plantas para recibir igualmente la bendición.

El padre José Guadalupe Pech Balam fue el encargado de impartir la bendición a las personas y a sus animales, atendiendo a cada una de las familias que acudieron a compartir esta tradición.
Para quienes participaron, la celebración tuvo un significado especial: sus mascotas no son consideradas simplemente animales de compañía, sino integrantes de la familia, compañeros de vida y parte de los momentos más importantes del hogar.

Una parroquia con raíces franciscanas
La celebración tiene un significado particular para Santa María Goretti debido a la historia franciscana que forma parte de su identidad.
Durante 10 años, la parroquia estuvo bajo la atención de los franciscanos, dejando una importante huella espiritual en la comunidad y en diversas tradiciones que hoy continúan formando parte de la vida parroquial.

Ese legado permanece presente mediante la participación de la Orden Franciscana Seglar, cuyos integrantes invitan a la comunidad a mantener vivo el espíritu de San Francisco de Asís a través de la oración, el servicio y el cuidado de la creación.
La celebración de San Francisco permitió así reencontrarse con una tradición que combina fe, convivencia familiar y respeto por todos los seres vivos.

Una celebración fuera de lo común
Desde su llegada, las familias hicieron de la parroquia una escena poco habitual. Los ladridos y maullidos se mezclaron con las voces de los asistentes, mientras niños y adultos esperaban su turno para acercarse al sacerdote.
Algunos animales permanecieron tranquilos en brazos de sus propietarios; otros observaron con curiosidad todo lo que ocurría a su alrededor.

La presencia de las plantas también recordó que el mensaje de San Francisco no se limita a los animales, sino que abarca el respeto y cuidado de toda la creación.
La celebración se convirtió, de esta manera, en un espacio para agradecer por esos seres que acompañan a las familias y que, con su presencia cotidiana, brindan compañía, alegría y afecto.

El mensaje de San Francisco
San Francisco de Asís es una de las figuras más reconocidas de la Iglesia católica por su vida sencilla, su profunda espiritualidad y su amor por la naturaleza.
Su ejemplo invita a mirar la creación con respeto y responsabilidad, recordando que la vida no solamente se encuentra en aquello que posee valor material, sino también en los pequeños seres que comparten nuestro mundo.
En Santa María Goretti, ese mensaje cobró vida de una manera especial.
La parroquia se llenó de familias que acudieron no solamente a recibir una bendición, sino también a dar gracias por esos compañeros silenciosos que forman parte de sus hogares.

Una bendición que llegó al corazón
Al finalizar la jornada, quedó una imagen difícil de olvidar: familias abrazando a sus mascotas, niños sonriendo junto a sus perros y gatos, aves y tortugas compartiendo un mismo espacio y una comunidad reunida alrededor de la fe.
Porque detrás de cada ladrido, cada maullido y cada mirada había una historia.

Historias de compañía, de cariño y de lealtad.
Y quizá ese fue el mensaje más hermoso de esta celebración: que cuando una familia abre las puertas de su hogar a un animal, no solamente recibe una mascota; recibe un compañero que, a su manera, también sabe enseñar a amar.
En Santa María Goretti, la celebración de San Francisco de Asís dejó algo más que una bendición: dejó corazones agradecidos y una parroquia llena de vida.
(licantropodigital.com/Joel Ordaz)

